Cómo comunicar con igualdad

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A partir del uso del género masculino como universal en el lenguaje, se genera un conocimiento sesgado de la realidad y se coadyuva a la invisibilidad y la exclusión de las mujeres y otras minorías políticas en los diversos ámbitos de desarrollo. Así lo precisan María Silvia Corbalán y Alejandra Pérez Scalzi, abogadas y activistas argentinas, en la “Guía para una Comunicación Igualitaria” que publica la Alianza Latinoamericana para la Tecnología Cívica (ALTEC).

En aproximadamente 20 páginas, se ofrecen elementos concretos y accesibles que reconocen la función del lenguaje como un modelador de la realidad y, además, su importancia en la tarea de construir sociedades que se integren a la diversidad, partiendo de la igualdad.

En cinco capítulos se expone las características que tiene el uso del lenguaje de género en las organizaciones, que fácilmente puede ser aplicado también al quehacer periodístico, por lo tanto: el reportero rápidamente detectará en los ejemplos, su propio estilo, generando que las opciones que se ofrecen para cambiar los hábitos del lenguaje tengan una transición armónica.

Problematizar la comunicación y llamar a la acción, son las líneas principales que exponen el Capítulo 1 Presentación, donde también hacen referencia al lenguaje, el lenguaje patriarcal y a la posibilidad de repensar el modo en que se da la comunicación actual.

En él también deja claro que el propósito de la guía es aportar los recursos prácticos que permitan construir una comunicación igualitaria en los diferentes ámbitos comunicacionales: oral, escrito, gráfico y digital.

En el Capítulo 2 Puntos de partida se distinguen los ejes de trabajo como el lenguaje, las cuestiones conceptuales, la falsa neutralidad en el lenguaje; y pone para todos ellos, los ejemplos necesarios.

Además, el Capítulo 3 Cómo construir una comunicación igualitario en el marco de una organización plantea como asumir la comunicación como dimensión institucional relevante, para ejemplificar los argumentos falsos que intentan justificar el uso no inclusivo.

También nos lleva a reconocer el rol clave del lenguaje en procesos de igualdad de género; así como a diseñar un plan de acción una comunicación igualitaria.

Finalmente, enseña como es imprescindible establecer pautas y asignar recursos que apoyen el uso de una comunicación inclusiva y no sexista de forma sistemática, todo mediante la asignación de recursos para la implementación y monitoreo del plan.

Más adelante, en el Capítulo 4 “Recursos Prácticos” se ofrecen tips para la comunicación oral y escrita, tips para la comunicación gráfica y digital.

Después, en el Capítulo 5 Recomendaciones finales para las organizaciones las autoras exponen una serie de recomendaciones con las cuales es posible sostener una comunicación igualitaria, las cuales, observadas a detalle, pudieran no sólo usarse en las organizaciones, sino también en el desempeño periodístico.

Para quien esté interesado en abordar más sobre el tema, el Capítulo 6 Lista de referencias cuenta con algunas referencias de bibliografía de fuentes digitales que enriquecerán el tema, pero que también podrían perfilar hacia algún sentido el uso del lenguaje igualitario.

Concluye el manual con un único anexo, un Glosario donde desarrolla el significado que tienen algunas palabras o términos que, aunque a veces son comunes en el uso diario, pocas veces quien las utiliza se detiene a confirmar que la aplicación que se le da es la correcta.

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